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Encierros San Zenón

Asociación Pro-Encierros de Cehegín Historia de San Zenón El socio colaborador Normativa Para el Encierro La plaza de toros de Cehegín y sus encierros
 

Recorrido de los Encierros de Cehegín.

ASOCIACIÓN PRO-ENCIERROS DE CEHEGíN

Esta Asociación de creó el 17-06-05 con el objetivo principal, entre otros, de recuperar la tradición de los encierros en Cehegín; Encierros que se realizaban ya desde 1700 (según datos recogidos en el archivo Histórico de Cehegín ) y que hoy conocemos como La Feria de San Zenón.

Dicha Asociación consta de 14 directivos, que son los encargados de realizar la Feria, y un número indeterminado de socios colaboradores que son la fuerza de esta Asociación para poder llevar a cabo nuestros objetivos.

La asociación invita a todas aquellas  personas que tengan a bien visitarnos por estas fechas a disfrutar con nosotros la Feria de San Zenón.

Contacto: encierros@encierroscehegin.es

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HISTORIA DE SAN ZENÓN

San Zenón y sus compañeros mártires, que la historiografía de la época se empeñaba en hacerlos naturales de la Villa y martirizados en ella, fueron tomados por Celestiales Patronos por voto del Concejo de Cehegín.

Como su fecha litúrgica era el 9 de julio, en plena faena agrícola, el Obispo de Cartagena, como provisor para tales casos, autorizó el cambio de fecha en 1607 para que, de allí en adelante, se celebrasen en 9 de septiembre, más propicias al festejo, por haber acabado los más apremiantes trabajos agrícolas, como siega y trilla de panes, y poderse dedicar algunos días al festejo y la diversión.

Como festejo de patronazgo, el encargado de organizarlo es el Concejo que, anualmente, delega, en la sesión 1º de enero o en la de 24 de junio, en dos Comisarios, que tienen delegación y autonomía para realizar cuanto vaya encaminado en el mayor lustre y grandiosidad de los festejos.

Entre otros menesteres, se encontraba el de contratar predicador, aderezar la Parroquia de Santa María Magdalena, comprar pólvora en cohetes y morteretes, contratar danzas, comedias y capillas musicales; en organizar la procesión y protocolo de la misma y en contratar encierros y dulzaineros.

Además del cambio de fechas, que ha perdurado hasta nuestros días, en el año 1644 se encontró con la supresión de fiestas de Inocencio VIII, una de las cuales era la de San Zenón. Ante esto, el Concejo se reunió en la Parroquial antes de la misa mayor y renovó el voto.

Así lo cuenta el acta correspondiente:

En la Yglesía Mayor, Parroquíal della, de la Vílla de Cehegín, de la adboçacíon de Santa Maria Magdalena, a nueve días del mes de Septiembre de míll y seíscíentos y nueve años, antes de començar la mísa mayor, estando juntos y congregados: El Liçençiado Don Sebastían Granero de Eredía, del abito de Santiago, Cura propio y benefiçiado de la dicha Parroquíal; su merçed de Don Jorge Faxardo y Molina, alcalde ordinario de esta Vílla en el estado de hojosdalgo, y Anton Llorente, alcalde ordinario por yndísposíçíon de Francísco Perez Llorente, añcañde prdínario desta Villa en el segundo estado; y Don Francisco Garcia Melgarejo, alcalde probinçíal de la Ermandad perpetuo, Marco Hidalgo, Don Gines Marin, Juan Fernandez Torrecílla, Miguel Rubio, Fernan Lopez Bonaque, Don Esteban Corbalan, Don Luís Lopez Robles, Cristobal Fernandez Caballero, Don Diego Fernandez Faxardo, Pedro Albarez Sanchez, Don Alonso Faxardo y Molína, Alosno Garcia Teruel, rexídores capitulares, justiçía y Rexímiento, juntos, por sí y los demás capítulares ausentes y veçínos desta Villa dixeron: Que atento Su Santidad del Pontifice Ynoçençío Otabo, abra seís años que mínoro las festividades que se guardaban y las reduxoa menor numero, por justas causas que para ello ubo, en todas quales quito la Fiesta de San Zenon y sus compañeros mártires, Patrones devotos que, por boto y promesa de esta Vílla, ha guardado y guarda y celebra su fiesta, oy dícho día, en cada un año. Y, para que no aya duda y se guarde, como se ha guardado, ahora, de nuevo, los elíjen y escojen por Patrones devotos de esta Vílla y dan sus botos, y con juramento que híçíeron cada uno en forma de derecho, prometíeron y enpeñaron su fe y palabra de guardar y hacer guardar y que se guarde a la dicha fiesta este dícho día. Y la mande conformar, aprobar y guardar y señalarla por Patrones desta Vílla. Y lo pídíeron por testímonío. Y firmaron los que saben.-(Archivo municipal de cehegín, sec. 1ª, leg.5, expt.5, Libro Capítular de 1649, folio 293r). 

Apartir de 1925, con la llegada de la Virgen de las Maravillas, que suplanta el Patronazgo virginal a Santa María de la Peña, se celebrarán, por proximidad de fechas (11 de septiembre), las fiestas en conjunto, hasta haberse unificado totalmente. Lamentablemente, en nuestros días, pocos conocen esta circunstancia del antiguo Patronazgo de Santa María de la Peña y San Zenón y sus compañeros.

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EL SOCIO COLABORADOR

El socio colaborador es una figura importantísima dentro de la estructura de esta Asociación, para poder llevar a cabo nuestros objetivos; Los cuales a parte de recuperar los encierros, también pretendemos devolver el prestigio en cuanto a corridas y calidad de toros a la plaza de Cehegín, prestigio bastante deteriorado en la actualidad. Así creemos que con un número importante de socios, podremos plantear a la empresa adjudicataria de la plaza de toros, unos eventos taurinos de la categoría deseada.

Derechos del Socio Colaborador:

-Ser informado de todas las actuaciones aprobadas en la junta directiva, económicas o de otra índole que crea conveniente, previa petición del mismo.
-La Asociación regalara las entradas a sus socios para acceder a todos las eventos que se organicen durante la celebración de la Feria de San Zenón, de forma gratuita, Desencajonamiento de toros, espectáculo de recortadores, corridas de toros y suelta de vaquillas.

Deberes del Socio Colaborador:

-Tener al corriente el pago de las cuotas mensuales ( 10€ ).
-No revelar información que pueda perjudicar a la Asociación.

Requisitos para hacerse Socio Colaborador:

-Ser Mayor de edad.
-Dos fotos tamaño carnet.
-Numero de cuenta corriente para domiciliar el pago de las cuotas que sera de 10€ mensuales.

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NORMATIVA PARA EL ENCIERRO

La normativa aplicable en el encierro viene reflejada en el REGLAMENTO TAURINO NACIONAL.

  • DISPOSICIÓN: REAL DECRETO 2-2-1996, núm. 145/1996.
  • PUBLICACIÓN: BOE 2-3-1996, ( pág. 8401 ).


Y más concretamente en el articulo 91 apartado 5 que dicta:
Articulo 91. 5. Por los promotores y los Ayuntamientos, cuando el festejo se desarrolle por vías públicas, se dictarán y anunciarán suficientemente cuantas medidas sean precisas en garantía de las personas o bienes, con prohibición absoluta de actuaciones que impliquen el maltrato y sufrimiento injustificado de los animales, sancionándose la infracción de las normas relativas a la materia.

SUGÚN ARTÍCULO 91 SE REDACTAN LAS SIGUIENTES NORMAS PARA PARTICIPAR EN EL  ENCIERRO:

  • Los miembros de la organización, junto con la autoridad competente velarán por el cumplimiento de las normas, por lo que serán respetados por los corredores y público asistente.
  • Se darán tres avisos acústicos por medio de disparo de cohetes.
  • El primero a los 9,30 h, indicará la apertura de los corrales.   
  • El segundo indicará que todas las RESES BRAVAS están en el recorrido.
  • El tercero indicará que las RESES BRAVAS están encerradas y que el peligro ha terminado, excepto el de los cabestros escoba que como saldrán poco tiempo después de la manada principal se pueden encontrar aún en el recorrido y pueden embestir.
  • Se prohíbe participar a menores de 18 años.
  • Se trata de un espectáculo de riesgo que exige capacidad física. Quien no reúna la serenidad, los reflejos y la preparación suficiente no debe participar ( personas bajo los efectos del alcohol o drogas, ancianos, etc).   
  • Se debe correr en línea recta, sin cruzarse ni pararse delante de los toros y demás corredores.
  • Se prohíbe participar con objetos que entorpezcan la carrera, incluidas mochilas y cámaras.
  • En ningún caso hay que citar a las RESES o llamar su atención, por los lados o por detrás.   
  • Los corredores que se suban a las vallas de escape por necesidad (situadas en la entrada de la plaza de toros, así como en el patio de caballos ), las abandonarán rápidamente para los corredores que vienen por detrás.
  • Al llegar al ruedo de la plaza de toros los corredores se desplazarán rápidamente hacia los lados, para dejar entrar con facilidad a los demás corredores.
  • Asimismo los corredores no citarán a las RESES en el ruedo y dejarán despejado el mismo para la intervención de los profesionales ( dobladores y pastores).
  • Los corredores que se hallan quedado en el vallado de escape del patio de caballos, así como en el callejón de acceso al ruedo, deberán de abandonarlo inmediatamente, debido a que el acceso a los corrales de los RESES BRAVAS, se realizará por el patio de caballos.
  • 30 y 15 minutos antes la organización vigilará el recorrido y desalojará las personas que no cumplan con las medidas citadas.
  • Existen tres cortes con puertas móviles en el recorrido, el público no obstaculizará en ningún momento su apertura y cierre.

Asociación Pro-Encierros de Cehegín

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LA PLAZA DE TOROS DE CEHEGíN Y SUS ENCIERROS

Hubo un tiempo en que los grandes acontecimientos sociales se celebraban con un encierro de reses bravas. Los mozos corrían, aguerridos ellos, por las calles del pueblo, al tiempo que sentían el roce casi místico de los pitones de los toros que les seguían. Quizá había llegado al pueblo una representación del señor feudal de turno. O del rey. O quizá un duque, un conde o un marqués tenían la suerte de casar a su primogénita. Con el trabajo que les había costado, había que celebrarlo por todo lo alto. Ellos y los mozos del pueblo. Pero, eso sí, que su novio no corriera, no fuera a terminar desgraciándose y dejase a su hijita viuda antes de tiempo.

Claro que no sólo los casorios eran motivo para celebrar festejos taurinos. Ni mucho menos. Costumbre ancestral en España, la festividad de los santos patrones de un pueblo o una región también contaba con una celebración especial, que en muchas ocasiones consistía en encierros o cualquier otro tipo de festejos taurinos –no en el sentido en que la palabra “taurino” puede emplearse ahora, sino en una acepción mucho más amplia y laxa, que hace referencia al empleo de reses bravas –toros y vacas- en diversos juegos, de distinto corte y condición.

Poco sabían San Zenón y Nuestra Señora de las Maravillas que aquellos primeros encierros de toros por las calles de Cehegín iban a terminar dando tanto que hablar. En último término, estas primeras manifestaciones del espíritu taurino popular han sido las que, siglos después, han hecho posible una tradición que culminaba con la construcción de una plaza de toros hoy centenaria. ¡El revuelo que se ha montado con la consecuencia última de tanto encierro!

Antecedentes y primeros compases de la construcción del coso

Los primeros festejos taurinos de que se tiene constancia en la comarca en la que se ubica Cehegín son los encierros de reses bravas por las calles de los pueblos con motivo de todo tipo de celebraciones, entre las que se encuentran, como no podía ser menos, las fiestas en honor a San Zenón, a quien, desde 1726, acompañó en los honores de “patrono” de Cehegín Nuestra Señora de las Maravillas.

Así, los anales taurinos y los documentos históricos nos llevan a un tiempo en el que los festejos taurinos se celebraban en El Mesoncico o en la Plaza del Castillo. Porque no fue hasta 1900 cuando comenzó a construirse el hoy centenario coso de Cehegín.

Tenía que ser esa fecha. El último año del siglo XIX y el primero del XX. Los dos años que marcaron la concepción y posterior alumbramiento de la plaza de toros ceheginera. El último año del XIX era necesario para otorgar a la obra un carácter romántico, marcado por el sentimiento superlativo de una sociedad que se había conmovido por los pálidos pero al tiempo hirvientes valedores del romanticismo. Como si el velero bergantín cuyas hazañas cantaba y contaba José de Espronceda tuviese como “prima hermana” a la plaza de toros de Cehegín. Y, claro está, los primeros compases del siglo XX eran fundamentales para inspirar a la obra los nuevos hálitos de progreso y de modernidad que se requerían para ponerse el mundo por montera y emprender una obra de tales magnitudes.

Don José Navarro de Cuenca debió de estar imbuido de ambos espíritus: romanticismo y modernidad; sentimiento superlativo y ansias por encontrar nuevas alternativas. Así concebido, su empeño por construir una plaza de toros en Cehegín adquiere pleno sentido. Porque es él el mayor impulsor del proyecto y quien, desde su estrado político, hizo realidad uno de los sueños dorados de los cehegineros.

Don José había nacido en Cehegín el 15 de septiembre de 1861, en el seno de una familia que andaba más que desahogada en lo económico y que, con consolidada posición social, gozaba del respeto y la admiración de los cehegineros. Durante su niñez, el pequeño José es testigo no sólo de la gran agitación política que convulsiona España, una nación incapaz de decidirse entre el sentimiento monárquico y las aspiraciones republicanas, sino que también ha de vivir en primera persona las dificultades que atraviesa su Región de Murcia: una terrible sequía asola a la región y degenera en una subsistencia clásica, que obliga a los ayuntamientos a realizar obras públicas para emplear a los obreros afectados por la miseria. Precisamente de obras públicas conocerá los más profundos recovecos el joven José Navarro, que, tras cursar con éxito sus estudios de Bachiller en el Instituto de Murcia, se decide a comenzar la carrera militar en la Academia de Ingenieros de Guadalajara.

Sin embargo, no termina don José estos nuevos estudios, pues, cuando estaba a punto de alcanzar el grado de Teniente, abandona la carrera y regresa a Cehegín. En cualquier caso, a buen seguro que estos años de estudios hicieron mella profunda en él y sirvieron, claro está, para emprender con éxito lo que sería una de las obras más importantes de su vida y de sus mandatos como alcalde ceheginero.

Claro que José Navarro no sólo destacó por su afán estudiantil, sino también por su empeño como “padre cristiano”, sujeto a los avatares de los designios divinos. Vean si no: el bueno de don José, “romántico” él, tuvo ni más ni menos que veinticuatro hijos. Ocho nacieron de su primera mujer, Irene de Cuenca, y dieciséis más, de su segunda esposa, María Manuela López. No hay duda de que Navarro se aplicaba con denuedo a sus deberes.

Bromas aparte, este rico hacendado, que era dueño de las tierras de media comarca, como suele decirse, siempre destacó por su gran corazón con las personas necesitadas. Y esta preocupación por lo que hoy llamaríamos “asuntos sociales” quedó bien patente en su labor política. José Navarro de Cuenca accedió por vez primera a un cargo público en 1893. En las elecciones municipales celebradas en ese año, Navarro obtuvo los votos necesarios como para formar parte del Ayuntamiento de Cehegín, como Síndico del consejo municipal. Quizá fuera por su “apertura de mente”, sin duda fomentada por los estudios cursados, lo que le impulsase a dar sus primeros pasos en la política de la mano del Partido Liberal, que, por cierto, en esa época del “turnismo” en el ámbito nacional, protagonizado por el conservador Cánovas del Castillo y el liberal Sagasta, era una tendencia minoritaria en la Región.

No sería hasta 1898, el año del gran desastre español, cuando José Navarro fuese nombrado Alcalde de Cehegín. De nuevo puede observarse el contraste entre la actividad política nacional y regional: mientras el país andaba agitado por la inoperancia y el desatino de los políticos que se habían dejado marchar las últimas colonias de la mano de los siempre poderosos Estados Unidos de América, Cehegín iba a inaugurar un período de creciente prosperidad gracias a la labor atenta y responsable de un alcalde preocupado por sus vecinos.

Así, al frente de la Alcaldía, don José creó una feria anual de ganados en el municipio, facilitó las explotaciones de las minas ubicadas en la localidad, embelleció las Fiestas Patronales, puso los medios para tratar las enfermedades del cáñamo y la filoxera de las viñas, señaló urbanísticamente la formación de las primeras calles del Barrio de las Maravillas, potenció la Banda de Música y preparó el proyecto para el suministro de aguas potables. Pero, sin duda alguna, tres obras suyas, tres, han recibido el honroso título de “obras maestras” con el paso de los años: se trata de la instalación de alumbrado eléctrico en el municipio, la escritura a favor del Ayuntamiento sobre los montes comunales de Cehegín y, cómo no, la construcción de la plaza de toros de la localidad.

Como queda escrito más arriba, corría el año 1900 cuando comenzó a fraguarse el proyecto de construcción de la plaza de toros de Cehegín. El propio señor Alcalde, don José Navarro, es el encargado de dibujar los planos, gracias a su preparación como ingeniero. Pero no sólo tendrá Navarro que poner a disposición del pueblo su apoyo y sus conocimientos de obras públicas, sino también buen parte de su capital.

Porque es cierto que numerosos vecinos participaron con su trabajo en la construcción de la plaza, pero también es verdad que, a medida que las obras avanzaban, se incrementaban los gastos de materiales y de construcción. Y como el patrimonio de don José era casi tan considerable como su amor por Cehegín y su pasión por el proyecto de “su” plaza de toros, él mismo cargó con los gastos de materiales y de construcción. De hecho, la situación fue tan crítica que necesitó vender su finca preferida, “La Vereda”, ubicada en Caravaca, para invertir en la nueva plaza el dinero obtenido con la venta. No es gratuito, pues, su protagonismo en el proyecto, así como el postrero reconocimiento de su importante labor. Se trata, sin duda, de la herencia del espíritu romántico puesta al servicio de la causa de un pueblo. Como dice la sabiduría popular, “hechos son amores y no buenas razones”.

Las obras se extendieron casi un año. La construcción del coso, de 2.612 metros cuadrados de superficie (incluido el patio de caballos) había hecho necesario demoler la parte superior del cerro en que se asienta y excavar en él para construir parte de los tendidos y el suelo. Esto dota a la plaza de una característica muy peculiar, única: las filas medias de los tendidos están a la altura de la calle, por lo que no es necesario subir ningún tipo de escalera para acceder a ellos. Comodidades de última generación en un coso centenario.

Las figuras, en Cehegín.

La plaza de toros de Cehegín se inauguró el 14 de septiembre de 1901, con motivo de las Fiestas Patronales de la localidad, con un espectáculo que se celebró a beneficio del Asilo de Ancianos de San José. En este festejo inaugural actuaron “Jerezano” –que sustituía al anunciado “Villita”- y “Guerrerito”, quienes dieron lidia y muerte a un encierro de Don Esteban Hernández (antes Conde de Patilla). El primer toro que pisó la arena del coso ceheginero se llamaba “Morisco” y era castaño y ojinegro; tomó ocho varas y mató un caballo y su matador fue “Guerrerito”.

Al día siguiente se celebró otra corrida en la que repitió “Guerrerito” junto a “Machaquito”, esta vez con toros de Don Jacinto Trespalacios.Como puede observarse, por la plaza de toros de Cehegín han pasado los más famosos diestros de cada tiempo. Así, además de “Machaquito” actuaron en el coso ceheginero el insigne Rafael Gómez “El Gallo”, Limeño; Belmonte, Gaona, Luis Freg, Antonio Márquez, Juan Luis de la Rosa, el “Niño de la Palma” –éstos en una época posterior-; Pepín Martín Vázquez –que vistió por primera vez su traje de luces en Cehegín (igual que el torero murciano Manuel Cascales) y en este mismo coso firmó su segunda actuación como matador de toros, junto con Domingo Ortega y Manolete, el 14 de septiembre de 1944-, Carlos Arruza –cuya última actuación en los ruedos españoles tuvo lugar precisamente en Cehegín, donde actuó como rejoneador; al día siguiente, toda la prensa nacional y extranjera destacó este evento y lanzó a los cuatro vientos el nombre de Cehegín-, Antonio Ordóñez, Miguel Báez “Litri”, Antonio Bienvenida, Gregorio Sánchez, Chicuelo II, Fermín Murillo, Palomo Linares o Manuel Benítez “El Cordobés”. Otros festejos taurinos que siempre han tenido mucha fama en Cehegín son los festivales que se celebraban a beneficio del Hospital-Asilo de Cehegín. El primero de ellos se anunciaba para el 26 de octubre de 1947, con reses de Herederos de Rafael Lamamié de Clairac para el rejoneador Juanito Balañá y los diestros Pedro Barrera, Miguel del Pino y José Vera “Niño del Barrio”.

 

Pepín Liria, ceheginero de pro.

Pero, sin duda alguna, ha sido la ascendente carrera de un diestro de la localidad lo que ha hecho que el nombre de Cehegín sea conocido –y dicen algunos que incluso bien pronunciado (ya saben, “Cehegín” y no “Ceheguín”, como mucha gente osaba decir)- en todo el orbe taurino. Y que a este nombre se asocie la valentía, el pundonor y la honradez, unidos también, claro está, a la profesionalidad.Se trata de Pepín Liria, insigne ceheginero que lleva orgulloso el nombre de su pueblo dondequiera que va.

Criado en el barrio del Mesoncico, el barrio donde comenzó a “jugar al toro” y a alimentar sus sueños de gloria torera, también fue Cehegín la localidad que vio a Liria debutar con caballos, el 8 de abril de 1990, con novillos de José María Soto de la Fuente y con Vicente Bejarano y Miguel Carrasco como compañeros de terna.Desde entonces hasta ahora son muchos los paisanos que le siguen. Así lo reflejaba el diario La Opinión en 1994: “Lo de Cehegín tiene un mérito enorme...

En pleno mes de febrero se metieron en la plaza cerca de 6.000 aficionados para ver a su torero alternar con Palomo Linares y Ortega Cano. Quince días después, la plaza casi se llenó para volver a ver torear a Pepín junto a Joselito y Enrique Ponce, y ayer, en una tarde ventosa y fría, más de la mitad de la plaza se llenó para presenciar un mano a mano entre su paisano y el número uno en el escalafón, a tenor de las corridas que lleva toreadas, como es Jesulín de Ubrique. Quien diga que en los pueblos la gente sólo va a los toros en feria, miente.

Quien lleva a la plaza al público son los toreros de la tierra que triunfan, y ése es el secreto de Cehegín y de Pepín Liria”. [cita recogida por Felipe de Paco en su libro Cien años de toros en Cehegín (1901-2001)].

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